El nacionalismo y los problemas de la integración nacional en España
Su reflejo en los textos escolares (ca. 1870-1930) |
Gabriela Ossenbach (UNED) |
Durante el siglo XIX la formulación del concepto de nación en España se produce dentro de un complejo proceso de transformación de un imperio a una nueva situación de Estado-nación. Como afirma J. Álvarez Junco, durante el siglo XIX tuvieron que hacerse grandes esfuerzos “por crear y expandir una nueva imagen nacional de esa colectividad política que hasta entonces el mundo había conocido como un imperio o una monarquía que agrupaba a territorios diversos” (Álvarez Junco, 563). En este fenómeno se distinguen claramente dos fases. La primera se inicia a partir de la invasión napoleónica y del movimiento emancipador americano, concluido hacia 1821, y la segunda comienza a raíz de la pérdida de las últimas posesiones ultramarinas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898. Un elemento añadido de complicación de la cuestión nacional española lo constituirían a partir del último tercio del siglo XIX los nacionalismos periféricos.
La idea de nación política ligada a la primera revolución liberal (Cortes de Cádiz), que suponía una gran comunidad de ciudadanos, aglutinada en la defensa de un orden de derechos y libertades, tuvo un escaso desarrollo a lo largo del siglo XIX. El concepto de soberanía nacional no fue el centro del sistema político, porque a lo largo de todo el siglo se afirmó mayoritariamente el principio doctrinario de que la soberanía residía en unas Cortes poco representativas junto con el Rey. En la idea cultural de la nación se siguieron destacando elementos que venían del pasado, se subrayó la idea providencialista de la historia y se afirmó el papel de Castilla como el núcleo político y cultural de la nación española. La monarquía sería el elemento fundamental de la constitución interna de esta nación, que a su vez se definía por su referencia al catolicismo. En el último cuarto del siglo XIX fue el historiador Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) quien teorizó con mayor autoridad esa idea de la esencia católica de la nacionalidad española, a la que se adhirió el pensamiento más conservador: España nace de la conversión al catolicismo del rey visigodo Recaredo; el ideal cristiano se desarrolla a lo largo de la Reconquista, llega a su plenitud con los Reyes Católicos y la Casa de Austria, logrando la unidad nacional y la evangelización de América.
Existe bastante unanimidad entre los historiadores a la hora de definir las debilidades de la integración nacional (de la nación política) en la España del siglo XIX como un déficit de penetración del Estado. El siglo “nacionalizador” coincidió en España con una crónica escasez de recursos y una permanente crisis política, y el Estado se mostró a menudo incapaz de influir política y culturalmente en la sociedad por medio de instituciones, valores y símbolos aceptables para el conjunto de los ciudadanos. Aunque hacia finales del siglo XIX España era ya una entidad relativamente cohesionada, el desarrollo de nacionalismos alternativos al español no se habría debido tanto a la fuerza e insoportable presión centralizadora del españolismo como a lo contrario, es decir, a la escasa eficacia que había mostrado en muchos aspectos el proceso nacionalizador estatal del siglo XIX.
A pesar de que entre los proyectos de organización nacional del primer liberalismo decimonónico se incluía una organización centralista y racional del Estado, siguiendo el modelo napoleónico (organización territorial y político-administrativa; homogeneización jurídica y codificación, sistema fiscal, etc.), la aplicación real de las medidas centralizadoras fue muy deficitaria, dejándose amplios espacios de acción al localismo y a los intereses partidistas. A la vez, existió una falta de voluntad profunda de integrar a todos los españoles en el nuevo sistema político. Entre los elementos que más dificultaron la integración nacional a lo largo del siglo XIX podemos mencionar los siguientes:
- Escasa socialización de la vida política: sufragio censitario (el sufragio universal masculino se introdujo en 1890), falta de una auténtica representatividad de los partidos políticos, falseamiento sistemático de las elecciones.
- Incapacidad del Estado para crear servicios públicos: ello se debió no solo a la falta de recursos, sino también al establecimiento de otras prioridades (más gastos militares y del culto y clero, que gastos en educación u obras públicas). Fue frecuente el traspaso de ciertas competencias del Estado a las corporaciones locales, que no contaban con los recursos suficientes para llevarlas a cabo. Por otra parte, se mantuvo un alto grado de intervención eclesiástica en los servicios públicos secularizados (sobre todo en la enseñanza), amparándose en la confesionalidad católica del Estado.
- Realidad geográfica y sistema administrativo muy fragmentados: malas comunicaciones, supervivencia de poderes locales (caciquismo). Para una parte importante de sus actuaciones el gobierno central se veía obligado a delegar en los caciques, lo que dificultaba la homogeneización de la nación.
- Utilización por las clases medias de la burocracia estatal como fuente de rentas e influencias (en servicio propio).
- Ausencia de un servicio militar que ejerciera como elemento nacionalizador. Existieron mecanismos para eximirse del reclutamiento obligatorio, por medio de pago de cantidades en metálico. Escasa modernización y profesionalización del ejército, que estaba mejor organizado para las tareas de orden público que para la movilización nacional.
- Escasez de celebraciones patrias y monumentos laicos.
La pérdida de las últimas posesiones ultramarinas en 1898 provocó el surgimiento de un nacionalismo pesimista y una profunda crisis de conciencia. Ya desde antes de 1898 había surgido una literatura que hablaba de los males de España y de la disociación entre el pueblo y el Estado, mostrando una profunda desconfianza hacia los políticos y los partidos. Pero fue más propiamente el “Desastre” de 1898 el que dio origen a todo un movimiento regeneracionista, en el que la formulación de una identidad española estuvo en el centro de los debates. A partir de entonces surgió un verdadero ímpetu nacionalizador de las masas, en el que participaron todo tipo de tendencias políticas. La definición del carácter nacional español a partir de la lengua y el espíritu castellanos fue prácticamente unánime, así como el posicionamiento frente a las pretensiones de los nacionalismos periféricos, que se manifestaron fuertemente en esta época, especialmente el catalán. Este nuevo clima propició en las décadas siguientes un claro avance en el proceso de asimilación e integración nacionales (creación de un mercado nacional, urbanización, extensión del sistema nacional de educación, expansión de los medios de comunicación de masas, desarrollo de una opinión pública, socialización de la política, creación de una simbología nacional, etc.). El Regeneracionismo hizo surgir un concepto de nación más sociológico, en el que subyacía la preocupación por las reformas y la modernización social y económica que necesitaba el país. Ortega y Gasset afirmaría que el principio generador de la comunidad nacional debería ser la empresa, es decir, un quehacer histórico. La nación fue definida entonces como un proyecto permanente, en el que la convivencia tiene sentido no “para estar juntos”, sino “para hacer algo juntos”. No obstante, en amplios círculos siguieron teniendo gran predicamento los tópicos acerca de la esencia católica y tradicional de la nación española.
Merece una mención especial el lugar que le cupo, en este proceso de reafirmación de la identidad nacional española, al pasado imperial y a los sentimientos respecto a las antiguas posesiones americanas. Ya desde mediados del siglo XIX se había iniciado, por parte de cierta burguesía comercial y de algunos círculos liberales, un acercamiento a América, tanto con fines comerciales como intelectuales. El deseo de hacer olvidar la Leyenda Negra de la colonización española fue uno de los motivos que alentó la celebración en 1892 del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. El surgimiento de un panhispanismo, acorde con el cosmopolitismo propio de aquella época de expansionismo imperialista en todo el mundo, sería también una forma de reacción contra las tendencias expansionistas de los Estados Unidos y su apoyo al anexionismo cubano. Intelectuales de todos los signos destacaron como elemento de la identidad española el carácter hispánico común que pervivía en Hispano-América. La institucionalización en 1918 de la Fiesta de la Raza y la proclamación de la existencia de un imperio espiritual hispánico, parece haber sido una respuesta a la marginación que España sufría en aquel entonces en el escenario internacional (del Pozo, 262-63). El pensamiento conservador acentuó el componente católico y racial de la hispanidad, y el concepto de “madre patria”, que se utilizó para denominar a España frente a las naciones hispanoamericanas, se constituyó en un elemento muy importante de la versión más tradicionalista del nacionalismo español.
La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) recurrió a los tópicos nacionalistas más conservadores, insistiendo en los valores histórico-institucionales, religiosos y raciales de la nación española, que adquirieron en ese periodo una dimensión normativa. El concepto de “patria” se erigió como garantía de unidad, liberándose de su identificación con la monarquía y distanciándose a su vez de la clase política tan desprestigiada. Esta exaltación nacionalista debía servir, sin embargo, a un programa modernizador paternalista, que puso en marcha importantes medidas de política social que de alguna forma daban continuidad al programa regeneracionista, pero que seguían oponiendo serios obstáculos a la formación de la nación política.
Los manuales escolares españoles en la Biblioteca Virtual Patre-Manes: la representación de la identidad nacional
Los manuales escolares españoles que forman parte de la Biblioteca Virtual Patre-Manes se seleccionaron de acuerdo a diversos criterios. Son todos libros para la enseñanza primaria que fueron utilizados ampliamente en las escuelas, pues tuvieron numerosas ediciones y fueron publicados por las editoriales de mayor difusión en el periodo 1870-1930. Además, se procuró incluir libros publicados a lo largo de todo el periodo seleccionado, de manera que pudiera observarse su evolución, no solo en lo que se refiere a los contenidos, sino también en cuanto a sus características materiales.
Como es obvio, se eligieron libros en los que aparecieran abundantes evidencias de contenidos nacionalistas, aunque se evitó circunscribirse solo a libros de historia, que son los más estudiados en relación con la creación de imaginarios nacionales. El conjunto de libros seleccionados incluye libros de lectura, de formación moral, de historia, de geografía, libros descriptivos de las provincias y regiones de España, Quijotes escolares y libros escritos en otras lenguas peninsulares distintas al castellano. Además, se eligieron libros en los que los textos fueran acompañados de abundantes ilustraciones, con el fin de poder observar también las representaciones icónicas del nacionalismo.
Para la clasificación de los textos escolares en los distintos itinerarios temáticos se tuvieron en cuenta, a grandes rasgos, los siguientes aspectos observados en ellos:
- El elemento más característico que puede observarse en los manuales escolares del periodo es la preeminencia que se da al amor y los deberes hacia Dios y la familia, antes que al amor a la patria. La jerarquía Dios-familia-patria es muy recurrente en los libros de lectura y de formación moral del periodo. Son escasísimos los ejemplos de libros en los que se da una visión secularizada de la nación política, y de los deberes y derechos de los ciudadanos.
- En cuanto al problema de la heterogeneidad / homogeneidad de la nación, en los manuales escolares se identifica sobre todo a los árabes y a los franceses como “el otro” frente al cual se afirma la propia identidad. Esta visión viene dada por la importancia que se da a la Reconquista y a la Guerra de la Independencia, junto con el reinado de los Reyes Católicos, como hechos históricos “fundacionales” de la nación (representación del tiempo). Consecuentemente, Don Pelayo, El Cid Campeador, Isabel la Católica o Agustina de Aragón son los principales personajes que reciben el tratamiento de héroes o fundadores de la nación.
- Frente a la valoración peyorativa de árabes y franceses, el indio americano se muestra como elemento exótico o en minoría de edad, objeto de evangelización o sumisión. En ningún caso aparece el indígena como elemento adecuado para resaltar la propia identidad, ni se da una especial exaltación de la figura de Cristóbal Colón. La idea de la hispanidad y de la “raza hispana” se exacerba sobre todo durante la dictadura de Primo de Rivera.
- El patriotismo se vincula de manera insistente a escenas bélicas y militares, y abunda la idea de “dar la vida por la patria”.
- El Quijote se convierte en un símbolo nacional a partir de los primeros años del siglo XX, abundando a partir de entonces las ediciones escolares de la obra cervantina. Por la misma época empieza a proliferar en los manuales escolares la bandera como símbolo de la patria.
- Se afirma la unidad de la nación, a pesar de que se exalta su diversidad de regiones, paisajes, costumbres, gentes, lenguas, industrias, monumentos, etc. (representación del espacio).
- Aparecen los primeros textos escolares en las lenguas peninsulares distintas al castellano, en los que se resaltan algunos elementos propios de los llamados “nacionalismos periféricos” (geografía, costumbres, paisajes).
En el itinerario destinado a mostrar la evolución de la materialidad de los libros escolares españoles a lo largo del periodo 1870-1930, se trazaron dos vías diferentes. Por una parte, se propone un recorrido por la evolución didáctica de los libros (presencia/ausencia de ejercicios, esquemas, gráficos, ilustraciones; adaptación del lenguaje al mundo infantil, etc.). Por otra parte, se muestra el desarrollo de las ilustraciones contenidas en los manuales (desde los grabados complejos a los simples; desde la concepción artística a la concepción didáctica de las ilustraciones; presencia del color, uso de fotografías, “infantilización” de las imágenes, etc.) |
ABELLÁN, J., “En torno a la integración nacional en España (1876-1912)”, en ALBARES, R.; HEREDIA SORIANO, A. y PIÑERO MORAL, R. (eds.), Filosofía hispánica contemporánea: el 98. Actas del XI Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana, Salamanca, Fundación Gustavo Bueno, 2001, pp. 67-80.
ÁLVAREZ JUNCO, J., Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, Madrid, Taurus, 2001.
BLAS, A. de, Sobre el nacionalismo español, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1989.
BLAS, A. de, Tradición republicana y nacionalismo español, Madrid, Tecnos, 1991.
BOYD, C., ‘Historia Patria’: Politics, History and National Identity in Spain, 1875-1975, Princeton, N. J., Princeton University Press, 1997. (Traducción española: Historia Patria. Política, historia e identidad nacional en España. 1875-1975. Barcelona, Ediciones Pomares-Corredor, 2000).
FOX, E. Inman, La invención de España, Madrid, Cátedra,1997.
MAINER, J. C., “Un capítulo regeneracionista: el hispanoamericanismo (1892-1923)”, en: TUÑÓN DE LARA, M. et al., Ideología y sociedad en la España contemporánea. Por un análisis del Franquismo (VII Coloquio de Pau: De la crisis del Antiguo Régimen al Franquismo), Madrid, Edicusa, 1977, pp. 149-203.
POZO ANDRÉS, Mª M., Curriculum e identidad nacional. Regeneracionismos, nacionalismos y escuela pública (1890-1939), Madrid, Biblioteca Nueva, 2000.
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Textos escolares incluídos en la biblioteca virtual
(en orden cronológico) |
SANTIAGO-FUENTES,Magdalena: La escuela y la patria. Lecturas manuscritas, 10ª edición ilustrada, Burgos, Hijos de Santiago Rodríguez, s.f.
CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, nueva edición escolar aprobada por la autoridad, Gerona, Madrid, Dalmau Carles, Pla S.A. Editores, s.f.
La primera luz. Libro de lectura para uso de las escuelas de primeras letras de Galicia, Lugo, Imp. de Soto Freire Editor, 1868.
PALUZÍE Y CANTALOZELLA, Esteban: Escritura y lenguaje de España en prosa y verso, Barcelona, Litografía de Faustino Paluzíe, 1882.
SADERRA Y VILLALONGA, Miguel: Lectura útil y agradable a la niñez, escogida y ordenada por... 19ª edición, Barcelona, Librería de Antonio J. Bastinos Editor, 1897.
PALUZÍE, Esteban: Resumen de historia de España. Con un breve compendio dialogado para los niños, Barcelona, Faustino Paluzíe, 1898.
PALUZÍE Y CANTALOZELLA, Esteban: Geografía para niños. 2º grado. Demostrada y adornada, Barcelona, Faustino Paluzíe, 1898.
PARRAVICINI: Tesoro de las escuelas. Obra escrita a imitación de la italiana Juanito con otras muchas materias no contenidas en ella (edición c antigua), Madrid, Calleja, 1898?.
ÁLVAREZ Y MARINA, Bernardo: Breves Nociones de Historia de España, 10ª ed., Madrid, Lit. Mateu, 1902.
BARÓ, Teodoro: El buen maestro. Historias, cuentos y fábulas, 3º ed., Barcelona, Antonio J. Bastinos, 1905.
CALLEJA, Saturnino: Nociones de Historia de España, Madrid, Editorial Saturnino Calleja, 1914?.
CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, edición Calleja para escuelas, ilustrada con artísticos grabados, Madrid, Casa Editorial Calleja, 1915.
MARINEL-LO, Manel: Prosa i Vers. Lectures morals i cíviques per a nois i noies, 3ª ed., Barcelona, Sucesores de Blai Camí, 1921.
FRANGANILLO y MONGE, Manuel: Lecturas cívicas comentadas, Gerona, Dalmau Carles, Pla. S. A. Editores, 1921.
CUYÁS ARMENGOL, Arturo: El muchacho. Reducción de la obra completa”Hace falta un muchacho”. Libro de orientación en la vida, Madrid, Librería y Casa Editorial Hernando, 1925.
GIL MUÑIZ, Alfonso: El alma de la raza. (Poesías dedicadas a España). Lecturas escolares escogidas. Serie Hispania Mater, Burgos, Hijos de Santiago Rodríguez. 1927?
F.T.D., El libro de España, Barcelona, Ed. F.T.D., 1928.
DALMAU CARLES, José: Deberes, Libro cuarto, Gerona, Dalmau Carles Pla, 1928.
SIUROT, M.: La emoción de España. Libro de cultura patriótica popular, Cuarta edición corregida, Madrid, Talleres Voluntad, 1929.
LÓPEZ MENDIZÁBAL´Dar Ixaka´K: Xabiertxo, Tolosa, Bigaren Argitaldia, 1932.
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