17. Nuestra lengua
Dios dio una lengua a los seres humanos para que la hablaran y para que cohabitaran como padres y compañeros en la tierra, que conversaran con otras personas y para que unos enseñaran a otros todas las buenas cosas. Cada comarca tiene su lengua. Hay varias lenguas en el mundo. Cada lengua tiene su propio sistema de funcionamiento. Todas son buenas.
Nosotros tenemos nuestra lengua el lonkundo. Ciertos la llaman lomongo en las tierras a orillas del río Lolango o Lulonga, a saber el territorio de Basankusu. Que se trate del lonkundo o del lomongo, es simplemente la misma lengua. De un pueblo a otro, nuestra lengua tiene variantes. Pero nos comprendemos claramente. Estas variantes son de menor importancia.
Ciertas personas, y los blancos y los negros hablan otras lenguas. Cierta lengua que hablan los blancos y sus socios incluso ha alcanzado nuestras regiones. La lengua en cuestión es el lingala.
Hasta si ciertas personas aprecian bien el lingala, nosotros sólo apreciamos nuestra lengua el lonkundo. Nuestra lengua es muy agradable, conlleva muchas realidades racionales. La apreciamos mucho, esta lengua nos ha sido transmitida por nuestros antecesores. Nuestra lengua tiene su belleza. Podemos expresar todas las realidades. Apreciamos nuestra lengua y nos quedamos vinculados a ella con amor.
28. Mi pueblo
Mi pueblo es grande. Hay muchos habitantes: los viejos que nos enseñan cuentos, los ancianos y los jóvenes. Las casas están colocadas en dos filas paralelas. Las viviendas están limpias: las mujeres limpian recogiendo hierbas cada mañana. La calle por la que pasa la gente separa las dos filas. Al borde de cada calle, una fosa ha sido cavada para llevar el agua de la lluvia, por miedo a que destruya la calle misma. Las hierbas crecen, las mujeres y los niños las arrancan en seguida o las escardan, antes de recogerlas con la ayuda de una pequeña estera y de tirarlas después.
Algunos árboles frutales se alzan en el patio de los habitantes. El árbol de palabra [Etsiko] boala [árbol Pentaclethra] se alza al borde de la calle: los viejos se reúnen a su sombra, preparando sus proyectos y arreglando los asuntos del pueblo. La capilla está en medio del pueblo. Los cristianos y los catecúmenos se reúnen allí durante la oración y la catequesis, después de que el catequista ha sonido el tamtan. El jefe tiene otro tamtan para invitar la populación al trabajo para el desarrollo del pueblo. Ciertas personas poseen también sus propios támtanes.
Detrás de las casas, encontramos un platanar que produce plátanos para nosotros. Establos para gallinas y patos están en el patio trasero. Sólo la gente sin mucho cuidado instala establos delante de las casas.
Aprecio mi pueblo donde nací, donde viven mis padres.
100. Nuestro jefe supremo
Nuestro jefe supremo está delante de ciertas otras autoridades de la tierra. Gobierna todo nuestro país. Su nombre es Leopoldo. Es el primero de todos los habitantes de este país; los supera en poder. Ha reemplazado a su padre Alberto. Alberto reemplazó a otro Leopoldo, quien ha comenzado a meter toda la gente de Congo como en un país de paz y de leyes. Ha comenzado a poner orden en nuestro país por trabajos cuidadosos.
Nuestro jefe supremo gobierna y organiza todos los trabajos de nuestro país con sus trabajadores para que pongan orden en nuestros pueblos.
Leopoldo tiene una esposa con la que está casado religiosamente. Tiene también hijos. Como era su padre, tiene un amor sincero para con sus súbditos. Quiere sinceramente que nuestro país esté limpio y prospere.
Nuestro rey es un cristiano convencido en la fe. Favorece todas las obras de Dios, organiza sus trabajos según los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Nunca omite oraciones ni misas.
En su residencia en Europa, tiene su capilla. Es espléndida. Pero Leopoldo no prohíbe a otros cristianos tomar parte allí en la misa.
Agradecemos al buen Dios ya que nos ha dado un buen rey, y le ha metido un verdadero amor en su corazón para la gente de Congo. Recemos muchas veces a Dios para él, para que tenga la salud del cuerpo y la fuerza de la fe en el alma a fin de que guarde y cuide de nuestro país con toda buena cosa.
117. Los ngombe
Los ngombe son muy numerosos. Pero no sabemos si son un solo pueblo, o si sólo es un nombre común. Los ngombe están en la región de los bangala más allá de Bakanja, Lisala y Bumba. Otros están en la región del Lulonga y del Lopoli, algunos en la del Ikelemba, otros del lado de Kisangani. Ciertos ngombe viven en Lomela. O sea, hay allí ciertos pueblos llamados así. Los ngombe que están en Lomela no tienen la misma manera y la misma lengua que otros ngombe. Han imitado la manera de otras tribus que están cerca de ellos. Hablan las lenguas de esas tribus. Muchos de ellos son gente de la tierra, pero otros son ribereños. Buena parte de ellos han recibido la fe.
Los verdaderos ngombe tienen sus maneras. No se parecen a los mongo. Son peligrosos y guerreros. Una mala cosa en la que se destacan, es la práctica de la magia. Su lengua difiere de la nuestra. Hay una gran diferencia. Ciertos piensan que los ngombe no son verdaderos bantúes, piensan que son emparentados a los ngbandi y banjande. Los ngombe se dividen en grandes grupos, cada uno con su manera y su lengua, como los ngombe del Lulonga, los buja y muchos otros.
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